Día 71. Celta-Real Sociedad (2-2): épica en la oscuridad

En el mes de mayo comienza el recuento de puntos; los equipos ultiman sus posibilidades y los aficionados descubren dónde queda la expectativa que elucubraron a principios de temporada. Mayo es tiempo de justicia: es cuando la regularidad ubica a cada uno en el puesto que más o menos merece (el fútbol concede excepciones, demasiadas respecto a otros deportes, y por eso nos encanta. Sin embargo, mayo no es tiempo de ser regular. Son días donde el cómo pasa al segundo plano. Porque aunque la identidad sea importante, no existe mejor planteamiento que la victoria.

El encuentro

XI: Rulli; Odriozola, Aritz, Íñigo, Yuri; Xabi Prieto, Illarramendi, Zurutuza; Vela, Willian José, Oyarzabal (4-3-3)

Bajas: Raúl Navas, Mikel González, Bergara, David Concha, Carlos Martínez, Agirretxe, Guridi

Celta: Sergio; Roncaglia, Cabral, Fontás, Jonny; Díaz, Hernández; Aspas, Wass, Sisto; Guidetti (4-2-3-1)

La épica confirmó su asistencia antes de que comenzara la jornada. Villarreal, Athletic y Real Sociedad, además de jugarse la planificación de la próxima temporada, coincidían en que su nivel de juego no era el idóneo de cara a la última función de la 2016-17. El equipo de Sacristán intentó en Balaídos equilibrar con actitud sus carencias. Un panorama que resume en parte por qué el equipo realista tuvo que esperar hasta el último minuto para poder brindar por Europa.

Como en casi todo el encuentro, en el primer tramo del partido, con los celestes incisivos en las posesiones, la Real no atinó en su recurso colectivo más productivo, o dicho de otra manera, en la presión adelantada (su mejor arma defensiva, y también ofensiva). Ello conllevaba que varios perfiles celtistas tales como Wass, Aspas, Sisto y Marcelo Díaz, capaces de oler una gota de sangre, provocaran el desajuste. Todos esos nombres eran la continuación de una fase iniciación en la que Cabral y Fontás no contaban con oposición.

Además, el macroproblema (colectivo) se acentuaba con el microdilema, ya que varias de las piezas donostiarras (Elustondo, superado durante los 90 minutos, Vela, Íñigo Martínez, Zurutuza, Prieto…) no han acabado el año enteros. A partir del primer cuarto de hora la Real consiguió regular los problemas en su espalda. Robaba más, mejor (así creó sus mejores ocasiones) y de no hacerlo, literalmente abusaba de la opción Willian José. El brasileño (nadie sobre el césped creó tanto con tan poco a su disposición) y las transiciones fueron el único salvoconducto ofensivo de un conjunto txuri-urdin excesivamente contemplativo, reaccionario y nunca dominador de la situación.

Lo positivo, además del resultado que se estaba dando en el Calderón, era que el Celta tampoco encontró demasiadas veces a Rulli. Berizzo modificó el frente de ataque liberando a Aspas (hasta entonces ejecutando constantes fuera-dentro desde la derecha), retiró a Guidetti (poco participativo y presente en el juego local) e incluyó a Jozabed para dinamizar una línea (la de tres cuartos) delicada desde el punto de vista donostiarra.

El Celta en seguida pudo activar a Aspas, quien al espacio, caricaturizó los problemas que estaba teniendo la Real para asegurar el balcón del área (la jugada del penalti es otra jugada en la que la Real no encima al rival, defiende muy atrás y presta al rival todo el frente).

Después del entretiempo Sacristán metió el pie en tierra conocida; Canales y Juanmi sustituyeron a sus dos compañeros de posición (Vela y Willian José), deduciendo que habría más posibilidades de empatar explotando el espacio que la asociación. Bajo el mismo dibujo defensivo, su equipo buscó el error gallego. Arriesgado y poco apropiado dado el contexto en términos de la clasificación, pero acertado en cuanto al estado de su equipo y el estudio del rival; el Celta siempre juega de la misma forma, la moneda de su propuesta no cuenta con una cruz. Con todo lo bueno y malo que eso conlleva. Sus errores son caros del 1 al 90, como en el 81′ de este último encuentro, en el que Xabi Prieto (imán de rivales), Juanmi (arrastre) y Oyarzabal (finalización) construyeron el 1-1.

Siendo la despedida de un entrenador que marca un ciclo, el Celta emanaba tener claro que el resultado se definiría, en honor a su líder de los últimos años, en el último segundo. Antes de llegar dicho momento, Hjulsager anotó el que probablemente sea el gol de su existencia. El danés nos descubrió su don de la inoportunidad, un arte en el que por suerte él no era el mejor del campo; a Juan Miguel Jiménez no le gana nadie en oportunismo. Antes de apagarse las luces, el andaluz añadió épica a una temporada que no merecía oscuridad. Por nivel y juego inigualable, la Real Sociedad acabó en su debido lugar.

Sacristán: “El premio se nos escapaba, pero la fe, la perseverancia nos ha dado lo que hemos merecido. […] Gol de Juanmi, un chico que justo tiene eso: insiste, persevera, su fe… […] Tuvimos un momento en el partido en el que podíamos ganarlo; sobre todo en el primer tiempo en el que hemos tenido unas ocasiones buenas para habernos puesto por delante. Y si lo hubiéramos conseguido hubiéramos podido manejar mejor el partido. En el segundo tiempo la nueva disposición del Celta nos ha impedido tenerles en su campo, controlarles mejor y se ha empezado a repartir el control del juego.”

Berizzo: “Me hubiese encantado ganar en un partido como el de hoy, de mucho juego y mucho fútbol más relajado que un partido tenso.”

↑Aplauso de la semana: Aritz Elustondo

↓Suspenso de la semana: Juanmi

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