Día 61. Alavés-Real Sociedad (1-0): sin la escalera real

“Ahora que he ganado un Grand Slam he podido conocer una verdad que muy pocas personas en el mundo llegan a saber: que una victoria nunca sienta tan bien como una derrota sienta mal y que la alegría no dura tanto como la tristeza, que no está ni cerca de hecho”

André Agassi en Open

El encuentro

XI: Rulli; Odriozola, Mikel, Navas, Yuri; Xabi Prieto, Granero, Guridi; Vela, Bautista, Oyarzabal (4-3-3)

Bajas: Agirretxe, Willian Jose, Zurutuza, Illarramendi, Carlos Martínez

Alavés: Pacheco; Kiko, Laguardia, Ely, Theo; Romero, Manu García, Llorente, Ibai; Camarassa; Deyverson (4-4-1-1/4-2-3-1)

Jugadores desituados, desnaturalizados, lejos del nivel de los titulares, y también algún que otro en estado de estreno (Guridi)… muchos eran los factores que en Mendizorroza perjudicaron a un equipo ya de por sí inspiracionalmente en estado de alarma. Y es que además de intentar recuperar la senda del juego perdido, la Real Sociedad pretendía vencer en Álava sin su escalera real. El árbol de Eusebio Sacristán jugó en Vitoria sin su primer (Íñigo Martínez, aunque compartido con Raúl Navas), segundo (Illarramendi), tercer (Zurutuza) y cuarto (Willian José) escalón. Demasiados cartuchos vacíos considerando que en frente esperaba un enemigo poco habituado a caer en el primer golpe.

Sabedor de los condicionantes, el equipo de Pellegrino presionó arriba desde el inicio y prácticamente hasta el pitido final. Sin la salida de balón de Raúl Navas (ubicado en el perfil izquierdo, condicionado por la baja de Íñigo) contenido y formas del equipo perdieron fuerza desde el primer suspiro. El conjunto donostiarra tenía en su pizarra la firme indicación de practicar un fútbol mucho más exigente en cuanto a velocidad y movimientos que el que sus piezas ofrecieron.

El juego posicional txuri-urdin contó en cada una de sus salidas de balón con los toques previos característicos de dicho modelo de juego, y sin embargo, tanto los gestos técnicos (orientación del cuerpo, juego a dos toques…) como en la circulación (lento, muy lento) carecieron de la aceleración necesaria para provocar un final feliz en las construcciones. Lo que de inicio partió como principal arma, terminó siendo un gran activo para el rival. Porque pese a controlar el balón (60% de posesión), el partido nunca estuvo en dominio guipuzcoano. El Alavés tenía dos formas de sacar rédito a tal contexto: el robo (si lo hacía estaba a 2-3 toques de encontrar a Rulli) y la superioridad en el juego aéreo. Siendo el conjunto txuri-urdin persistente en iniciar desde Rulli, con su regular pressing, los de Pellegrino ahorraron muchos metros a la hora de avanzar con el esférico.

El Alavés venció el 66% de los balones aéreos (25 vs 13). La pareja de centrales (Laguardia-Ely) no perdó ningún duelo individual en el aire (Fuente: WhoScored)

En 60 minutos de igualdad numérica (tras la expulsión de Granero, el desarrollo del partido cambió definitivamente en favor de los locales) la producción ofensiva realista dependió o bien de golpes de genio (como la obra de Yuri que nace a 30 metros del guardameta rival), centros laterales (Bautista estuvo en inferioridad constante, como bien refleja la estadística anterior de la pareja de centrales alavesa) o bien del balón parado (ninguna ocasión mencionable esta vez). La jugada colectiva (iniciación atrayendo al rival, arrastres de alejados −Oyarzabal/Odriozoa- y desmarque al espacio −Xabi Prieto-) más elaborada aconteció en el minuto 40.

Minutos después el Alavés se adelantaría por un descuido en la presión realista (hasta entonces, en esto sí, el equipo de Sacristán estaba llevando bien a cabo su labor). Aunque no estaría de más resaltar la lectura que Marcos Llorente y Theo (siguiente instantánea) demuestran en la acción que origina 1-0. Xabi Prieto y Vela erraron en la cobertura (focalizaron sobre el mismo hombre, en este caso Llorente, desplazado a un costado) y Theo sacó partida a la descomposición txuri-urdin con una asistencia tras previa zancada. En la acción jugadores como Granero (lejos de su zona) y los centrales (lentos en la carrera) quedaron irremediablemente señalados.

En la reanudación, tras quince minutos de igual sintonía, el Alavés pudo mezclar pausa y peligrosidad con la doble amarilla de de Granero (66′). Hasta entonces la fase de control alavesa era puramente posicional, sin balón, ante una Real Sociedad con el contador de ocasiones en blanco. Como es normal, desde el mencionado minuto 66 pudo respirar a través del esférico, aunque en la práctica lo consiguieron en menos ocasiones que su técnico hubiera preferido (Vela, en posiciones más centradas, pudo correr en un par de ocasiones, y la Real pisó inesperadamente bastante campo contrario). En cualquier caso, para Pacheco todo aquello quedaba en una simple anécdota. En la práctica, su equipo no necesitó de sus intervenciones. Es decir, situación contraria a la de la Real con sus insustituibles, a los que cada vez que han faltado, siempre ha echado de menos.

Eusebio“Las circunstancias nos han condicionado. Recibir un gol aislado tras realizar un buen primer tiempo ha sido una circunstancia adversa, y luego cuando hemos querido darle la vuelta al marcador nos hemos quedado con diez jugadores. […] Cuando llegan dos resultados adversos hay que analizar qué cosas nos estamos dejando en el camino para saber que podemos hacer mejor”

Pellegrino“Hemos jugado hasta la expulsión un buen partido; después de la expulsión perdimos el control del juego, aunque teóricamente tuviera que ser al revés”

↑Aplauso de la semana: Yuri Berchiche

↓Suspenso de la semana: Carlos Vela

 

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