Día 40. Real Sociedad-Barcelona (1-1): un empate excepcional

Hace justamente un año que la Real Sociedad saltaba al Camp Nou con el firme convencimiento de clamar que sí, por qué no, quería dominar en la cuna de la dominación. Por aquel entonces Leo Messi representaba la cara de un Barcelona inspirado, apenas intimidable por una Real que llevaba tan solo 90 minutos de rodaje bajo la tutela de su nuevo técnico. En aquella tarde Eusebio Sacristán desplegó todos los recursos estilísticos de la literatura que él había aprendido, interiorizado y llevado a la practica en el pasado precisamente ante misma la grada culé. El resultado final evidenció el carácter largoplacista de su idea, pero detrás del 4-0 existía un mensaje intencionado. Algo que, por ejemplo, en la victoria del 1-0 en Anoeta resultó difícil descubrir.

Sin embargo, 364 días y decepciones después, ahora el equipo de Sacristán ha pasado de solo querer a también poder. El fútbol del equipo txuri-urdin ha llegado a un punto que la excelencia le concede una anómala posibilidad: no mirar atrás ante ningún rival. Ignora el precio de la pérdida de balón porque, primero, no lo pierde, y segundo, cuando lo hace sabe dónde hacerlo. Y es así como ante el equipo que normalmente antes vencía mediante la inercia histórica, ayer sobrevoló por encima de un Barça desbordado en todos los sitios menos en el más importante: el marcador.

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Día 38. R. Sociedad-Atlético de Madrid (2-0): jugar sin calendario

Si a David Zurutuza lo aisláramos en un cuarto oscuro su lucidez atravesaría las paredes. La enorme valía del centrocampista txuri-urdin reside en que además de ser un completo manual de gestualidades, su fútbol traspasa la frontera de la zona de acción de sus compañeros a fin de otorgar continuidad al juego colectivo. Es un jugador hegemónico. Es la sangre que circula a través de un corazón, Illarramendi, igual de sano.

Esto convierte a la Real Sociedad en un equipo transparente, que pone las cartas sobre la mesa, pero no por ello se transforma en previsible y de fácil de contrarresto. Porque si ambos jugadores tienen un buen día, el acierto técnico les convierte en invencibles. De manera que tapar a uno es una posibilidad, pero cortocircuitar a los dos sólo una minoría en La Liga está a la altura de poder hacerlo. Es por eso, y por el orden que les rodea, que la Real de Sacristán ha comenzado a jugar al fútbol sin mirar el calendario.

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