Conclusiones y deberes para el curso que viene

La Real Sociedad es una banda de jazz de estilo desvaído. Cada fin de semana en esta temporada, los músicos han perseguido  la armonía y no al revés. El público, esperando poder algún día reconocer el estribillo, se ha sentado cada 14 días en la grada mientras el club buscaba respuestas en la improvisación, ignorando que ésta es un arte que necesita dominio.

Decía Mihaly Csikszentmihalyi que, como sucede en otros muchos aspectos de la vida, “no se puede disfrutar de las relaciones sin dar nada a cambio”. Y aunque los motivos se estén acabando, siempre es la afición la que año tras año pica su propia piedra de la ilusión. Cree en el escudo, en dos colores con pasado, a pesar de que la reciente historia txuri-urdin se haya estancado en un capítulo interminable, o que los 90 minutos en Anoeta hayan pasado de darle sentido a la vida a convertir ésta en una muy lenta. Si la temporada 2014-15 era la de la reflexión,  la de encontrar una razón de ser, el curso 2015-16 es una llana prolongación de la agonía.

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Día 27. Valencia-R. Sociedad (0-1) o cuando Mikel cerró el círculo

Si existiera el tiempo muerto en el fútbol, los partidos de la Real Sociedad y el Valencia durarían más que una eliminatoria de Copa de Europa. Sacristán y Ayestarán no pararían de corregir hasta reproducir lo que maquinan en su mente, donde las cosas son de un color y melodía muy diferentes a lo que sucede en el césped. Durante toda esta temporada el statu quo de los dos equipos no ha escapado del error; copados de preguntas sin respuesta y suscritos a la confusión. Ambos entrenadores no son más que el rastro de un devastador torbellino, y por eso ayer en Mestalla vimos un partido dominado por el tiempo, o mejor dicho, por la falta de éste.  Sigue leyendo

Día 25. Real Sociedad-Real Madrid (0-1) o cuando el genio topó con la realidad

Es una verdadera faena que en julio cumpla 30 años y tengamos tan pocos recuerdos del fútbol de David Zurutuza. La actuación de ayer en Anoeta,  al igual que la de Gareth Bale (pero el pelirrojo no tenía astros a su alrededor),  no baja de lo extraordinario. Zuru es el escritor que no necesita inspiración para exhibir grandes ideas. El único factor que mejora su rendimiento es él mismo. Lo lleva dentro. Por eso, a pesar de las lesiones, nuestro deseo se resiste a enterrar a un jugador que se muestra diferente desde los tiempos de Segunda; su carrera intermitente es como el frasco de colonia de los días selectos: poco a poco y sin querer asumirlo, se nos acaba su contenido. Disfrutar hasta la última de sus gotas es lo único que nos queda.

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