Día 19. R. Sociedad-Las Palmas (0-1) o cuando se abrió el túnel

La Real Sociedad se encuentra ante un dilema de tallas. Hace unos meses la conclusión general era que había poca zapatilla para tanto pie. Nadie se atrevía a fijar un fin a semejante potencial de una enorme plantilla; el equipo calzaba una 41 necesitando como mínimo una 47. Tal idea, justificada, se edificó gracias al verano del retorno del equilibrio a mitad de precio, a la adquisición de uno de los goleadores del momento, al fichaje de una de las sensaciones del Mundial de Turquía, a la apuesta por una pieza concreta de registro también muy concreto… Estímulos de ilusión a los que además había que sumar el previsible paso adelante de piezas conocidas (Pardo, Canales, Rulli, Zaldúa…) que impulsarían la mejor versión individual del jugador más virtuoso (Carlos Vela). Por si supiera a  poco, no solo el presente parecía estar bien programado; el plan del futuro, con altas tan interesantes como la de David Concha, un jugador distinto, y con el aspecto de los chicos del Sanse, se sospechaba un paso definitivo a la ansiada estabilidad.

Sin embargo se cambió de entrenador a mitad de temporada, también de discurso (y no a cualquiera, sino a uno totalmente opuesto al anterior) y tras un primer impacto bastante positivo, la Real vuelve a encontrarse a fecha de hoy con el viejo fantasma estructural, el que le genera dudas sobre su idea de ser y hacer. De tal forma que lo que antes creíamos que era una enorme planta, hoy la 41 se presenta ideal para un pie que, de momento, no da señales de poder ganar centímetros.

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Día 18. Celta-R. Sociedad (1-0) o cuando la medianía echó el ancla

Una escalada de buenos resultados no es inmune a la duda. En la chaqueta de la dinámica triunfal siempre se deja entrever un bolsillo roto por el que en un futuro muy cercano se pueden escapar los puntos. En el caso de la Real Sociedad, los problemas con el juego posicional (después de varios amagos en partidos como el del Betis y el Granada) han terminado por lastrar la intentona de dar continuidad a cuatro victorias consecutivas (evidentemente elaboradas, pero que son resultado de haber potenciado otros apartados como el robo y la ocupación de espacios). En las últimas semanas Málaga, Levante y Celta de Vigo, conjuntos exigentes a diferente nivel, se han encontrado con un equipo, el de Eusebio, al que la frescura ya no le define cuando el partido exige desarrollar un juego elaborado.

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Día 17. R. Sociedad-Levante (1-1) o cuando la novedad es terrenal

En la Real Sociedad van quedando menos jugadores. En una plantilla de casi 30 opciones, poco a poco el círculo de los elegidos está cercándose en torno a los 14. Esto ocurre porque el “nuevo” entrenador ha dejado de ser precisamente eso, nuevo. Eusebio Sacristán ya es uno más en la rutina realista, y el efecto motivacional de su fichaje pasó a un lugar del que ya no volverá. A partir de ahora el vallisoletano camina solo con su libreta, y los efectos que ésta reproduzca en el césped serán puramente terrenales. Puede que este fin de semana no haya sido el punto exacto en el que dicho aura ha desaparecido, porque ya han pasado más de tres meses desde su llegada a Donosti, pero no cabe duda que ante el Levante fue donde más se notó.

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Día 16. Atleti-Real Sociedad (3-0) o cuando Eusebio cedió en vano

“Si un día entiendo que no puedo ganar un partido, me quedaré en casa. Lo normal es utilizar los mejores jugadores contra los adversarios más potentes”. En el saco de las fortalezas de José Mourinho nunca ha habido lugar para las rotaciones. Su marcha hacia los títulos, fueran del color que fueran, siempre se basó en construir un XI tipo con jugadores que funcionaran a raya bajo una idea de juego muy interiorizada. ¿Acertado? Sí y no. Porque a pesar del historial de trofeos, casos como el Chelsea de la 2014-15 alimenta el razonamiento de aquellos que buscan una sola respuesta en un deporte que vive en la constante reflexión por su ilimitada naturaleza.

Y por otro lado están los que optan por la dosificación, que no tiene por qué estar siempre centrada en el objetivo físico. Contaba Martí Perarnau que “cuando se lee en algún periódico que las rotaciones de otoño han resultado decisivas para el exitazo del Barça, Rafel Pol y Luis Enrique se parten de risa, como lo hace Seirul.lo en su despacho o Buenaventura en la lejanía. Porque las rotaciones tuvieron todo tipo de componentes: algunas por razones físicas, otras por prevención, otras para colocar en su sitio a un jugador o para ayudarle a madurar o a comprender. O a reflexionar. Cuando un tertuliano radiofónico emplea el argumento de la condición física de los jugadores del Barça, el preparador físico del Barça se ríe aún más porque comprueba que casi nadie ha entendido nada de su trabajo”. 

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