Día 33. Eibar-Real Sociedad (2-0): examen sorpresa

Respeto, rotación, pavor, Ipurúa o adaptación. Cada uno elegirá el término que considere para definir el once que dibujó ayer Eusebio para intentar ganar en Eibar. A fin de cuentas detrás de cada equivocación también hay una idea noble. Por eso para el que escribe estas palabras hay otra circunstancia algo más espinosa que afecta a corto, medio y veremos si a largo plazo al club realista. Y es la manera en que su entrenador se desentendió de una situación tan crítica -pero normalizada- como la expulsión de un jugador. Ante tal suceso Sacristán decidió no decidir a pesar del clamor del desequilibrio. Y aunque en ese momento no tuvo un impacto directo en el resultado final, dudar fue la peor decisión de toda una cadena de errores que llevaron al equipo a volver a perder en un campo que de forma explicable no conquista desde 2007.

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Día 32. Real Sociedad-Las Palmas (4-1): la sonrisa más importante

La tecla. Dar con ella es el fin de todo entrenador. Puede estar delante de tus ojos, que creas haberla visto, pero desconfíes por un resultado muy mal dado. Es ella, la derrota, la más fuerte de las enemigas; derriba cualquier convicción, la altera e invita a retroceder el camino. Eusebio Sacristán ha pasado por todas esas fases, de tal manera que finalizó la anterior temporada y comenzó ésta sin saber qué ofrecer, o más bien cómo hacerlo. Sin embargo en el destello de hace cuatro días en Villarreal se dejó ver algo diferente; un juego fluido y a la vez sumamente incompleto que tiene origen en la última media hora frente el Espanyol, contra el que de manera desesperada Sacristán aplicó la fórmula del no mirar atrás: presión, robo y acumulación. Y de las transiciones que se encargue de momento el 4. En El Madrigal se adaptó la idea para sobrevivir durante 90 minutos y ayer, el que hasta la fecha era el equipo risueño de la competición, Las Palmas de Setién, fue testigo de la confirmación de un crecimiento real. Un pequeño progreso que, tras un empate y una derrota, echaba en falta el maná indispensable para tener continuidad: los tres puntos.

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Día 31. Villarreal-Real Sociedad (2-1): daños (co)laterales

Los 437 pases que la Real Sociedad dio anteayer en El Madrigal no pueden dar lugar a mucha sorpresa teniendo en cuenta que el año pasado, tanto fuera (444) como en casa (530), el Villarreal fue el rival contra el que la Real más posesión amontonó durante 90 minutos. Herencia de Marcelino, el 4-4-2 de Fran Escribá conserva en sus venas un fútbol de robo y rock&roll; no aborrece la pausa porque siempre puede contar con Bruno Soriano, pero corriendo es donde su piel coge color y embellece. Por eso mismo, aunque el domingo el sistema ofensivo realista diera sus primeros latidos después de meses de letargo, los puntos no se movieron de Castellón.

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Día 30. Real Sociedad-Espanyol (1-1): Illarramendi en marea baja

La Real Sociedad me recuerda al Puzzle Bobble, un deleite de la infancia. No porque juegue con la misma inocencia que me llevaba una y otra vez a la derrota, que también, sino por lo predecible que resulta su juego en líneas generales. Cada siete días parece estancarse en la misma fase. Y como sucedía con el videojuego, cuando vemos al equipo realista somos capaces de dibujar en nuestra mente la trayectoria de los envíos antes de que se ejecuten, con la diferencia de que lo que sucede en Anoeta no nos divierte.  Sigue leyendo