Día 28: Real Sociedad-Real Madrid (0-3): fin sin principio

Decía Ismael Santos hace no mucho que lo importante es el proceso. “Si tú quieres coronar una cima puedes coger un helicóptero llegar a la cumbre y hacerte una foto, pero es imposible transmitir nada si no ha habido sufrimiento, dudas y reflexiones. El camino, llegues o no a la cima, es lo que te hace crecer“.

En casa de la Real Sociedad hay mucho de lo primero (sobran sufrimiento, dudas y reflexiones), pero escasea lo segundo (crecimiento). En su fachada agónica no clarea ilusión. Tres meses después, el equipo sigue emanando un cúmulo de buenas intenciones que a la hora de la verdad se deshacen con suma facilidad a base de errores. Más evidentes con el Real Madrid al otro lado de la cancha, pero errores al fin y al cabo. Villarreal, Osasuna y Málaga también podrían haber desnudado el domingo las vergüenzas del equipo realista, con la diferencia que contra éstos Mikel Oyarzabal suele bastar para esquivar el golpe.

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Willian José: rey o víctima

En Donosti la llegada de un delantero se observa con recelo. Tres errores son muchos, y aunque Jonathas, Finnbogason y Seferovic tienen razones colectivas de peso para justificar su paso indiferente por la capital guipuzcoana, la realidad es que la figura del gol es el gran hueso de la actual dirección deportiva. La suerte de ésta última es que durante los últimos tres años en el camino del desacierto siempre encontraron en Agirretxe un Plan B con tintes de A. Y a pesar de ello, parece que el plan de dar con el definitivo sigue su curso.

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Juanmi: qué, cómo y por qué

“En los entrenamientos suelo actuar de árbitro y no uso apenas el silbato. No lo hago porque a veces suele dejarse caer al suelo muy fácilmente. Necesita ser más fuerte. Este es un aspecto que estamos intentando que mejore”.

A los cinco meses de su llegada al sur de Inglaterra, Ronald Koeman pronunciaba estas palabras acerca de la adaptación de Juanmi Jiménez al Southampton. Por entonces el de Coín aún buscaba la manera de superar los límites de un fútbol contracultural a su estilo. Aquella fue una batalla que, tal y como el contador final de minutos disputados reflejan, nunca estuvo cerca de vencer.

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Conclusiones y deberes para el curso que viene

La Real Sociedad es una banda de jazz de estilo desvaído. Cada fin de semana en esta temporada, los músicos han perseguido  la armonía y no al revés. El público, esperando poder algún día reconocer el estribillo, se ha sentado cada 14 días en la grada mientras el club buscaba respuestas en la improvisación, ignorando que ésta es un arte que necesita dominio.

Decía Mihaly Csikszentmihalyi que, como sucede en otros muchos aspectos de la vida, “no se puede disfrutar de las relaciones sin dar nada a cambio”. Y aunque los motivos se estén acabando, siempre es la afición la que año tras año pica su propia piedra de la ilusión. Cree en el escudo, en dos colores con pasado, a pesar de que la reciente historia txuri-urdin se haya estancado en un capítulo interminable, o que los 90 minutos en Anoeta hayan pasado de darle sentido a la vida a convertir ésta en una muy lenta. Si la temporada 2014-15 era la de la reflexión,  la de encontrar una razón de ser, el curso 2015-16 es una llana prolongación de la agonía.

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