Día 42. Deportivo-Real Sociedad (5-1): no es Gijón, es Zurutuza

“La Real nunca ha dejado esta temporada de ser un equipo de descenso. Mirar hacia arriba es un acto irrespetuoso con la seriedad de la competición, e irresponsable para un equipo que ni gana, ni sabe encontrar el camino para hacerlo”. 23/01/2016

Mi primera reacción tras la derrota de ayer fue recordar el 5-1 de Gijón con palabras que aquí mismo se escribieron. Me pareció un gran ejercicio para contextualizar el presente, valorar el mismo, y descubrir si las penas de entonces guardaban relación con las de ayer noche. Y efectivamente por suerte el resultado dio negativo.

Sencillamente porque la definición de las primeras tres líneas no representan a la actual Real Sociedad. Si en el pasado cada semana era un viaje diferente (fruto de la indefinición), ahora el equipo de Sacristán comparte cada siete días el mismo transporte y destino. La trayectoria del equipo es estable, su idea también, pero aún no controla del todo el medio (la dinámica del fútbol), generador constante de imprevistos. Bien porque la plantilla no ofrece muchas alternativas, y bien porque el entrenador no está dispuesto a trastocar demasiado un plan que ha generado el que hasta la fecha ha sido el fútbol más brillante de La Liga.

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Día 40. Real Sociedad-Barcelona (1-1): un empate excepcional

Hace justamente un año que la Real Sociedad saltaba al Camp Nou con el firme convencimiento de clamar que sí, por qué no, quería dominar en la cuna de la dominación. Por aquel entonces Leo Messi representaba la cara de un Barcelona inspirado, apenas intimidable por una Real que llevaba tan solo 90 minutos de rodaje bajo la tutela de su nuevo técnico. En aquella tarde Eusebio Sacristán desplegó todos los recursos estilísticos de la literatura que él había aprendido, interiorizado y llevado a la practica en el pasado precisamente ante misma la grada culé. El resultado final evidenció el carácter largoplacista de su idea, pero detrás del 4-0 existía un mensaje intencionado. Algo que, por ejemplo, en la victoria del 1-0 en Anoeta resultó difícil descubrir.

Sin embargo, 364 días y decepciones después, ahora el equipo de Sacristán ha pasado de solo querer a también poder. El fútbol del equipo txuri-urdin ha llegado a un punto que la excelencia le concede una anómala posibilidad: no mirar atrás ante ningún rival. Ignora el precio de la pérdida de balón porque, primero, no lo pierde, y segundo, cuando lo hace sabe dónde hacerlo. Y es así como ante el equipo que normalmente antes vencía mediante la inercia histórica, ayer sobrevoló por encima de un Barça desbordado en todos los sitios menos en el más importante: el marcador.

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